ESCAPEMOS AL DESANIMO

ESCAPEMOS DEL DESANIMO

 

TEXTO: Números 32:1-13

 

INTRODUCCION:

 

En Efesios 6 Pablo refiriéndose a la armadura del cristiano dice que sobre todo debemos tomar el escudo de la fe para poder apagar todos los dardos de fuego del maligno (Ef. 6:16) y cuando el escritor a los Hebreos se refiere a la fe dice que es “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Dios se deleita con los que tienen fe, a Él le agradan sus hijos que tienen fe. En esta definición de la fe vemos que tiene que ver con “estar seguros de lo que esperamos”. Esperar es una característica de aquellos que agradan a Dios. Dios se deleita con aquellos que aprenden a esperar en El (Lm. 3:25). Pero también vemos que en esta lucha hay dardos y dardos de fuego dice la palabra, lanzados por el maligno. Uno de esos dardos es el desánimo.

 

El desánimo es falta de ganas o entusiasmo, es rendirse y no querer luchar más, es una manera de morir y dejarse llevar por los problemas, es dejar de resistir lo malo, es abandono al infortunio, es desmayar, es sucumbir en el sótano de la depresión más profunda. El desánimo bloquea toda posibilidad de mejoría, cancela la comunicación, cierra el corazón y mata la esperanza. El desánimo es el decaimiento del ánimo, es el desfallecimiento de las fuerzas. El pueblo de Israel en su peregrinar por el desierto muchas veces experimentó este desánimo.

 

1.- EL DESANIMO FRENA EL AVANCE Y QUITA LA FE DEL PUEBLO DE DIOS (Num. 32:4-7).-

En este relato vemos que dos de las tribus de Israel se presentan ante Moisés: Rubén y Gad;  y le solicitan quedarse en la tierra de Jazer y de Galaad, tierras ricas en pastos para los ganados, ubicadas a un lado del río Jordán y antes de llegar a la Tierra prometida por Dios. Ellos argumentan que, al tener gran cantidad de ganado, ese era el lugar más propicio. Pero luego de escucharles Moisés les responde con una palabra dura: “¿Ustedes quieren quedarse aquí mientras sus compatriotas van a la guerra? ¿No se dan cuenta que están desanimando a todo el pueblo con su actitud para que no pasen a la tierra que Dios les ha prometido?”. Es indudable que estas dos tribus sólo pensaban en su seguridad y bienestar.  A la vista parecía que estaban unidas a las otras tribus, pero en su corazón y espíritu sólo buscaban su bienestar y el de su grupo.

 

En realidad se encontraban aislados del resto del pueblo. Esta actitud de aislamiento también demostraba su desprecio por la tierra prometida por Dios. Esto nos enseña que el desánimo es un impedimento para que el pueblo de Dios avance, para que el pueblo de Dios conquiste las promesas que Dios nos ha dado. El enemigo es muy sutil y tiene en nuestras bocas y actitudes su mejor arma para detener dicho avance. Pablo le dice a Timoteo en 1° Timoteo 4:16 “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina”, “ten cuidado de tus actitudes, de tus pensamientos, de tus palabras y de lo que muestras con tu vida”.

 

2.- EL DESANIMO ES UN ESPIRITU QUE SE TRANSMITE Y CONTAGIA (Nm. 32:8-9).-

 

Moisés recuerda a las tribus acerca de lo que hicieron sus antecesores y estos versículos se refieren a los 10 espías de la generación anterior que habían sembrado en el pueblo el desaliento y por ese testimonio negativo acerca de los propósitos que Dios tenía para su pueblo, El se enojó con ellos y determinó que toda esa generación muriera en el desierto (Números 13:31-14:29). El desánimo es un espíritu que se transmite y se contagia. Debemos tener cuidado para que nuestros labios no sean usados como instrumento de desánimo. Jesús decía que aquellos que pusieran tropiezo a la fe de otros, mejor se ataran una piedra de molino a su cuello y se tiraran en lo profundo del mar (Mateo 18:6). El desánimo incluye también la incredulidad y esa incredulidad se expresa a través de nuestras palabras.

 

El escritor a los Hebreos hace referencia en el capítulo 3: 7-19 al endurecimiento del corazón del pueblo de Israel y a la necesidad de no haya en la iglesia corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo. El Espíritu Santo a través del escritor muestra las características de las personas que como parte de su pueblo, no podían disfrutar de la paz de Dios:

 

    • Personas con corazón duro (vs. 8).- En la palabra de Dios el corazón duro se compara con el corazón de piedra, es decir, sin piedad ni misericordia para con el prójimo. Cuando tenemos un corazón de estas características, no perdonamos ni una a las personas que nos rodean y se forma en nosotros una raíz de amargura.

 

    • Personas que se rebelan contra Dios y lo ponen a prueba (vs. 9).- Aún cuando han visto las maravillas de Dios, pecan contra su autoridad, porque la rebelión es un pecado contra la autoridad de Dios sobre nuestras vidas.

 

    • Personas que vagan en su corazón (vs. 10).- Es decir, que dudan, como dice Santiago 1:6-7, personas que hoy piensan una cosa y mañana otra acerca del Señor. Son inconstantes en todos sus caminos. No han conocido verdaderamente los caminos de Dios.

 

·          Personas que son incrédulas (vs. 12).- No creen con todo su corazón a pesar de ver la mano de Dios cada día en sus vidas. Para Dios, tienen un corazón malo.

 

A todas estas personas Dios les dice: No entrarán en mi reposo. No tendrán paz. No hallarán descanso.

 

Así como la fe viene por el oír la palabra de Dios, el desánimo viene por comentarios y declaraciones cargados de incredulidad.  En Lucas 19:41-44, Jesús llora por la incredulidad de Jerusalén y porque no sabe discernir el tiempo de su visitación. Cuando el desánimo se hace presente en nuestras vidas, no nos deja percibir la visitación de Dios porque nuestra perspectiva de la vida está cubierta por un manto de pesimismo e incredulidad. El desánimo contamina nuestra comunión con Dios porque sin fe es imposible agradarle (Heb. 11:6).

 

3.- EL QUE SIEMBRA DESANIMO ACARREA EL JUICIO DE DIOS (Nm. 32:10-13).-

Leemos aquí que la ira del Señor se encendió contra aquella generación y no permitió que ellos entraran a la tierra prometida. Dios respetó el deseo de sus corazones de rebelarse, pero fueron desechados. Esto nos enseña que el que siembra desánimo e incredulidad puede experimentar sobre su vida el juicio de Dios (Mateo 12:36). La Biblia habla mucho acerca de su juicio. Su juicio es una realidad. Si aprendiéramos a caminar en la comunión y en el temor de Dios, no permitiríamos que ninguna palabra ni espíritu de desaliento sea transmitido por nuestras bocas, ni dejaríamos contagiarnos por el desánimo.

Debemos desechar de nosotros toda actitud y expresión de incredulidad y desánimo. Para ello debemos poner nuestros ojos en Jesús, el autor y el consumador de nuestra fe y considerar sus sufrimientos para que “nuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Heb. 12:3). El nos dijo que velemos y oremos para que el enemigo no gane ventaja en nuestras vidas.

 

4.- ES DESANIMO PUEDE LLEVARNOS AL DESASTRE (Num. 32:15).-  

En este versículo Moisés le advierte al pueblo que si se apartan de Dios, El volverá a dejarlos en el desierto y destruirán a todo el pueblo. Dice Jesús que el diablo viene para matar, hurtar y destruir. Esta palabra nos enseña que el desánimo puede ser causa de destrucción en el pueblo de Dios. Lo que ocurre es que las palabras pueden edificar, y también pueden derribar. Las palabras de desánimo son como una bala de cañón dirigida por el enemigo al centro de nuestra fe. El quiere robar la fe de nuestro corazón, que declaremos a Dios culpable de nuestros sufrimientos. Si nuestra vida confiesa y siembra el desánimo, tarde o temprano seremos consumidos en él y nos llevará al desastre espiritual. Salmos 141:3. Oseas 4:6.

 

CONCLUSION:  

Salmos 42:11. El salmista ordena a su alma que salga de su abatimiento, porque aún puede seguir esperando en su Dios. ¿Cuántas veces te has encontrado abatido y sin fuerzas para seguir? ¿Cuántas veces te has dejado engañar por las mentiras del diablo y has sido instrumento para que otros sean desanimados? Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos y librarnos de toda maldad. Hoy abramos el corazón a Dios y digámosle: Señor, hoy me levanto de mi abatimiento y sigo confiando y esperando en Ti. Hoy escapemos de todo espíritu de desánimo, resistiendo firmes en la fe.

 

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